¿Por qué a mi?

La otra tarde hablaba con una clienta toda quejumbrosa. Después de contarme sus preocupaciones, llegó a esa familiar puerta sin salida en medio de sus divagaciones y se preguntaba: “¿Por qué a mi? ¿por qué esto? ¿por qué ahora?” (si, igualito que el título de aquél viejo libro de Robin Norwood, que te recomiendo, por cierto).

Genial, me dije. “¿Y por qué no?” le contesté (al igual que la autora del libro). En ese momento, y antes de que los ojos se le salieran de sus órbitas, la atajé con una pequeña observación:

Decididamente no estamos presentes en este plano para vivir la vida rosa (eso se lo dejamos a Edith Piaf, quién por cierto, la cantó, pero no vivió precisamente  en ese color). Acá estamos para reconocernos como lo que somos (LUZ) y para ello necesitamos el contraste: LA OSCURIDAD, tan desdeñada y nunca bien ponderada, llena de misterio, magia y sabiduría.

Ya el taoísmo lo dejó muy claro a través del símbolo Yin Yang, que de seguro has visto en muchos sitios.

Necesitamos de la oscuridad para poder ver nuestra luz. Haz la prueba, pon una vela encendida de cara al sol y dime si el fuego resulta tan llamativo y aún necesario en esa comparación. Enciende un fuego en una noche fría y oscura y me cuentas.

También necesitamos de la luz para descubrir nuestra sombra, nuestra temida cara oscura. Y esa es la otra parte del trabajo interior que hacemos. Para ello vivimos en una realidad dual, cuyo objetivo es conducirnos a la UNIDAD dónde los opuestos son contenidos y abrazados, como bien transmite ese símbolo.

Reiki puede sacar a flote nuestra luz lo mismo que nuestra sombra (los aspectos negados de nuestra personalidad), y ponernos a danzar en busca del equilibrio y la armonía, ya he escrito extenso sobre ello AQUÍ.

Pero volviendo a las preguntas, en coaching, cuando queremos descubrir las estrategias mentales de una persona, solemos omitir preguntarle el “¿por qué?” (excepto cuando se trata de descubrir sus creencias) y a cambio empleamos un “¿para qué?”.

Hagamos un pequeño ejercicio:

1. Prueba ahora mismo a buscar uno de esos problemas que están atormentando tu vida últimamente, tráelo a tu mente y pregúntate: “¿por qué me está ocurriendo esto?”

Con toda seguridad la respuesta te lleva a una razón única, un callejón sin salida, puede que lleno de bloqueos, sinsentidos y en el peor de los casos (desgraciadamente) al autoreproche, al victimismo, la impotencia y la cerrazón.

2. Trae de nuevo la situación a tu mente y pregúntate esta vez: “¿Para qué me está ocurriendo esto?”

Entonces verás cuánto da de sí tu situación. Si no te aferras al viejo hábito victimista, y asumes TU PLENO PODER, por lo general, el tipo de respuestas que esta crucial pregunta promueve es un abanico de opciones, siempre positivas, siempre amplias y empoderantes, que pueden darle un vuelco a la manera que tienes de ver la misma situación, de hecho con frecuencia transforma tu punto de vista diametralmente.

¡Pruébalo! y si gustas, cuéntamelo en los comentarios.

Recuerda… SOMOS LUZ.  Hazte preguntas poderosas.

Canta conmigo:

 ©Rita Páez – http://ReikiEnCastellon.com

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